El cambio de país coincidía con el inicio de la temporada de sleeping bus. Un híbrido entre coches súper cama tipo cucheta y asientos claustrofóbicos bastante cómodos con una gran relación precio/calidad. Todas estas premisas se cumplen siempre y cuando uno sea capaz de acomodarse en los centímetros cúbicos que se le asignaron. El debut fueron 30 horas de películas, kilómetros y frontera. Aparentemente una idea asiática consiste en agrandar la sensación mapística. Cualquier distancia que uno ve pequeña en la escala, parece agrandarse. Sucede que cualquier viaje por estos lares no supera los 30/40 km por hora haciendo cualquier traslado una travesía.
De todos los países que suponíamos íbamos a visitar, Vietnam era el único “famoso”. El que aparecía en las películas, en las fantasías y en el mapa conocido por uno. Lamentablemente todo respondía prácticamente a la misma bélica razón. Tristemente célebres es la sensación histórica.
El menú de cambio de país suele estar acompañado por descifrar el “Hola”, “Gracias”, “Cuánto es?” y alguna que otra variedad de “más barato por favor”. Por solo 50 centavos se puede agrandar el combo y descubrir comidas típicas, costumbres cotidianas e incluso algo de historia local. Obviamente agrandamos el Mc Vietnam y fuimos a por todo. De las costumbres locales destacaremos dos. Una, con cada atardecer, como si fueran hombres lobo, brotan de todos lados jugadores de badmington, se arman picaditos con canchas improvisadas por doquier. Dos, como si fueran actores que hacen copy-paste; cada escenario, paisaje o lugar mas o menos pintoresco se llena de novios y novias que haciendo las mismas poses en los mismos lugares vistiéndose con los mismos trajes hacen las mismas fotos de casamiento.
Ha Noi, la capital de Vietnam del norte nos aportó algo desconocido y casi olvidado hasta ahora: frío y nubes! Al fin había tema de conversación con los desconocidos del ascensor (tan solo faltaba el ascensor ahora).
Para no sentirnos tan extraños, esta vez el alfabeto utilizado era el nuestro, aunque las palabras formadas eran tan incomprensibles como hasta ahora. Solo que ya estábamos en condiciones de saber qué es lo que no entendíamos. Cada tanto a alguna fonética le pegábamos. Es simpático ver el vietnamita escrito, es como que es en sílabas, no hay palabras de más de 4 letras. Quizás sea para que jugar al ahorcado sea muy aburrido, ya tuvieron suficientes muertes como para sumar más…
Las primeras cuadras fueron de aprendizaje, principalmente a cruzar la calle. Un aluvión sobre 2 ruedas se avalanza sobre uno con cada cambio de semáforo. Aparentemente, la mejor forma de resolver este enigma es creerse Neo o un Jedi y cruzar la calle sintiendo que uno tiene el poder suficiente en las manos para desviar la trayectoria de las motonetas.
Así, fuimos llegando sanos y salvos al parque central con su mítico lago (otro punto positivo para Vietnam, volvieron las plazas, los parques y las tardes de mate!), al museo de la Armada, a la casa de Gobierno y al mausoleo de Ho Chi Min. Este señor, para los que no lo ubican es una especie de San Martín moderno que guió a Vietnam hacia una paz comunista, ya sea en contra de los Yanquis, los franceses o de los mismos Vietnamitas. Un prócer. Además siempre se lo veía como a un abuelo humilde y sencillo. Tal es así que está su cara en todos los morlacos que uno vea, del de 1000 dongs al de 500.000 dongs (sí, está un poco devaluada la moneda…)
Luego de tanta historia y caminata nos metimos al teatro al ver el tradicional show de marionetas acuáticas! Lo qué? Como títeres que en vez de “actuar” en el escenario lo hacen sobre el agua, muy mágico!
Agobiados por la ciudad, tomamos a Ha Noi como base y nos hicimos dos grandes volantes. Primero fuimos a Sapa, un pueblo arrocero cercano a China. Con infinitas terrazas de cultivo del todopoderoso cereal asiático. A pesar de ser famoso por estos paisajes lo que más nos sorprendió era que Sapa tiene un clima ciclotímico, esto quiere decir que cada 5 o 10 minutos el tiempo pasaba de estar soleado a completamente nublado. Completamente significa que las calles quedaban literalmente atravesadas por nubes. Pasamos 2 noches allí, una en el pueblo propiamente dicho y la otra en una casa de una familia en el medio de los cultivos (todo en tono turistic style no se crean…). Conocimos el otro deporte nacional, el “plumabola”, una especie de badmington con el pie. Caminamos la sierra, degustamos platos locales y nos emborrachamos un poquito con whisky de arroz (no les digo que el arroz es un comodín!).
Un nuevo “Qué momento!” se vivió en el instante en que nos dimos cuenta que perdimos algo irremplazable… Nuestra bombilla!!! Y ahora? Por suerte no pandió el cúnico y valiéndonos de nuestras enseñanzas asiáticas salimos a la caza de finas cañas de bambú para fábricar la nuestra! Un éxito la misión…
Al menos en el objetivo de entretenernos porque la bombilla que fabricamos medio que no sirvió de mucho ja! Por suerte teníamos una de repuesto así que el mate it´s still alive!
De Sapa hicimos un toque y me voy con Ha Noi para pasar a Ha Long Bay, una de las 7 nuevas maravillas naturales del mundo (otra es Cataratas de Iguazú, vamos viejo peludo nomás!). Es una especie de bahía plagada de unos 2.000 islotes, cuevas y laberínticos canales por los que navegan cientos de barcos (también turísticos) con camarotes, kayaks, karaokes, terrazas y cocineros a bordo. Obviamente no perdimos la oportunidad de ser uno de esos tripulantes. En cada decisión que tomamos nos gustaría acceder a la opción autónoma a independiente, pero con el tiempo que disponemos es casi imposible lograrlo (imagínense que casi todo es una especie de dígalo con mímica) así que optamos por ser parte del ganado, relajarse y gozar.
La neblina también gritó presente en esta aventura marítima. Los islotes, los canales, los barcos y las cuevas tomaban un hermoso tono de “Piratas del Caribe” y reinaba el clima de “Navegando en aguas extrañas”. Con un poco de imaginación, subiendo a la cubierta del barco de no era difícil imaginarse calaveras, patas de palo, maldiciones milenarias nocturnas y un “yo ho – yo ho” entonado en el horizonte.
La vuelta a Ha Noi coincidió con la confirmación de una idea que había empezado a germinar veladas atrás. Nos encanta Vietnam. Era momento de aprender más. Wikipedia de fondo, folletos, investigaciones y charlas mediante se complementaron con la visita al Museo de la Guerra para armar un mosaico un poquito más completo.
Ádemás del enjambre de motos que atocigan el asfalto vietnamita, llama la atención ver la bandera y los colores comunistas ondeando en las esquinas, los mapas, los escudos y los billetes. Seguimos siendo bichos de ciudades capitalistas y el comunismo para nosotros hasta ahora solo tiene cara del Che, de Fidel y habla en cubano. El contraste sin embargo es inevitable. A pesar de esta carga icónica y aunque los registros digan que el que ganó la guerra es Vietnam, un guía vietnamita en un indignado español nos confesó “La verdad, de comunistas tenemos poco y nada. Desde que cayó la URSS nos quedan los recuerdos, tener un partido comunista y posters de propaganda revolucionaria por todos lados, pero sin nadie que nos apadrine es casi imposible”.
Sentencia emitida, continuamos pues. Para disipar tantas nubes, dudas y frescores. Nos trasladamos a Hoi An, que quizás haciendo honor a su nombre, era todo lo contario a Ha Noi. Un pueblo detenido en el tiempo, con casas coloniales, puentecitos, barquitos, barcitos, playita y todos los diminutivos decorativos que hacen de un destino turístiquísimo un buen destino para relajar unos días. Enhorabuena entonces por el esperado reencuentro con agua salada. Adornamos nuestra estadía con pileta, bicicletas, pesca de río, cocina típica con la familia Trung y algunas otras perlitas. El calor dividía las aguas de lo que hasta ahora era Vietnam. Pero para no tener un cambio tan rotundo, seguimos perseguidos por las marcas y el comunismo consumismo.
De a poco empezamos a entender que EE.UU. puede tener una peluca de hijos de puta, pero de bobos no tienen ni un pelo. Entendieron que las armas solo les traían sangre, condena internacional, argumentos para películas famosas y crímenes inhumanos. Mejor jugarla de callados, sentarse a ver la muerte de tu enemigo dicen. A regocijarse mientras la hoz se transforma en la pipa de Nike y el martillo remata lo que sea al mejor postor. El virus consumista y capitalista se infiltran en un pueblo necesitado y la memoria es lo único que mantiene viva la batalla. Pero hace tiempo que entendimos que no somos quiénes para juzgar. Ni siquiera tenemos suficientes pruebas para emitir un veredicto. Habría que haber vivido y vivir acá para entenderlo, tener sus riquezas, sus necesidades y sus faltas para opinar con la realidad en las venas y el hambre en la panza.
Tan solo nos queda ser espectadores. Desear que este gran pueblo tenga lo que se merece. Que (ab)U.S.A. pase a ser el verbo que describe a un país. Y desear que Andrés haya estado equivocado. Que eso de "El Che era argentino pero murió en Vietnam” haya sido solo en la canción.
Queremos seguir juntando piezas del rompecabezas. Así que dejamos el norte y nos vamos hacia el Vietnam del sur, que también existe.
Salutes, continuará...
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Fotos Ha Noi
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Fotos Sapa
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Fotos Ha Long Bay
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Fotos Hoi An
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Fotos Ha Noi
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Fotos Ha Long Bay
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Fotos Hoi An
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