Agotados de tantas ciudades, hicimos un stop para recobrar fuerzas. Con la intención de evadir las olas turísticas elegimos un lugar del mapa menos famoso, Ninh Chu. Un pequeño pueblo de playa con aguas templadas. Para nuestra sorpresa fue como teletrasportarnos a algún pueblo de Rusia, pues acá es el segundo idioma. Pedir algo en un restaurant era un tatetí ya que la carta solo figuraba en ruso o vietnamita. La geografía comprendía un gran hotel de lujo habitado por rusos, y un gran casamiento vietnamita que se desarrolló en el salón del mismo y playas. Suficiente para descansar, leer y recuperarse del frío nórdico!
La historia continúa en Ho Chi Minh City (Saigón para los amigos). Habiendo oportunamente descansado, nos encontramos con esta inmensa ciudad plagada de motos y edificios pero también de bellos y grandes parques. Mucho para caminar y seguir enamorándonos. El gran mercado con “un poco” de shopping era una parada obligada. Así que equilibramos el consumismo con museos para conocer más la historia del sur, que mantuvo la resistencia con el comunismo aliándose con los EEUU. El museo de la guerra nos mostró registros fotográficos más que impactantes e indignantes. Las fotos mostraban los crímenes de guerra, los abusos y torturas con los que los yanquis atormentaban a los vietnamitas. Viendo todo eso costaba aplacar la creciente sensación de bronca imperialista e indignación contra los yanquis. Y comparando el armamento, los preparativos y la tecnología nos costaba entender como los vietnamitas ganaron esa guerra. La respuesta empezó a aparecer un día después cuando visitamos los túneles de Cu Chi y el parque que lo rodea. Túneles que están ampliados para que recorra el turismo. Mientras que yo (Caro) casi muero en un acto de claustrofobia, yo (Nico) me aventuré un poco más en los angostos pasajes subterráneos hasta que me quedé solo, sin linterna, me cagué todo y salí! No podíamos dejar de pensar cómo haría esa gente para atravesarlos siendo mucho más chicos, oscuros y con el pánico de no llegar a tiempo. Vimos un video que mostraba cómo el pueblo entero cooperó para la guerra. Armando flechas y trampas con bambú, bombas y botes. Mujeres, niños y hombres trabajaban día y noche. El pueblo entero y unido en contra del enemigo, ni más ni menos que el gran imperio.
El combo lo completamos con una experiencia completamente nueva para nosotros, como si no fuera suficiente para imaginarse la guerra entrar en el mundo subterráneo, uno podía por algunos morlacos comprar balas de diferentes calibres para disparar realmente con su máquina de matar preferida (desde la famosa AK 47 hasta el temible M66). Nosotros nos animamos a la carabina y compramos el mínimo de 10 balas. La idea era disparar 5 cada una pero a mí (Caro) me alcanzó una sola para corroborar que disparar un arma mortal no está en mi naturaleza. Eso me dejó a mí (Nico) unas 9 balas para comprobar mi sensación que las armas sólo deberían existir para los videojuegos y para “jugar” a la guerra, nunca jamás de los jamases para lo que se usan realmente. De hecho, al sentir la violencia del disparo nos costó imagina como alguien realmente puede apuntarle a un blanco vivo. Así y todo, pude llevar a la realidad una de mis frases de cabecera usada en cualquier paraje remoto “imagínate esto pero con una ametralladora!”.
Quizás uno piensa en el heroísmo de esta gente, sin embargo luego de esta visita y de otro museo donde se ven una inmensidad de pruebas de las consecuencias de la guerra, usar la palabra heroísmo es cuando menos raro. No creemos que sea heroico sobrevivir a la muerte de 6 millones de habitantes, ni convivir con 2 millones de heridos y damnificados por el agente naranja (un ingrediente tóxico con el que bombardearon este país y al día de hoy todavía tiene gravísimas consecuencias). Sí creemos que hubo resistencia, valentía y esa fuerza casi animal de supervivencia de un pueblo trabajando en conjunto. Si bien EEUU se palpita en las calles, Vietnam fue, es y será el país que logró con bambú y creatividad marcar su territorio. Y aunque esto sea un “bad karma” no podemos más que sentir un fuego intenso de enojo que nos sube contra la soberbia, la impunidad y la violencia norteamericana. Si bien es verdad que miles de personas protestaron contra la guerra incluso en USA, ser un imperio está por encima de estos reclamos. Estas y otras iniciativas no alcanzaron para evitar la invasión a este país (y tantos otros por los próximos 30 años). La sensación que nos queda, como bien dijo Fanny es que “todo es posible en la vida, lo único imposible es la guerra”.
Ya despidiéndonos de estas tierras hicimos la última parada en el delta del río Mekong, ríos que nacen y atraviesan pueblos y ciudades. Visitamos una de ellas, Can Tho. Una ciudad bastante grande por lo que nos alejamos del centro y paramos en un hostal con vista al río. Pasamos dos gratas noches en este sitio donde casi éramos Susana Giménez y Maradona, cada vez que salíamos a caminar no había ciudadano local que se prive de mirarnos y arrojarnos una sonrisa acompañada de un sonoro “Hellouuu!”, imposible pasar desapercibidos. Imagínense cómo será, que en una de las caminatas de paseo, del otro lado de la calle había un grupo de pre adolescentes caminando, uno de ellos saludó y Nico le dijo “Messi” señalándole la remera que él llevaba, como solemos hacer para que entiendan que venimos de la misma tierra que el famoso Lío. Cuestión que en menos de tres segundos se armó un gran revuelo y los chicos cruzaron rápidamente, creyendo que estaban frente al mismísimo crack! Cómo salir de este apuro? Si con el idioma no se puede contar! Nos llevó unos minutos, sacamos la foto que acompaña la billetera de Nico (y que más de una vez nos sirvió como carta de simpatía para rebajas). Aclarada la cuestión seguimos camino. No hace falta ser Messi para que el pueblo se pare a saludarte. Y para terminar de despejar las dudas de que no estoy a la altura ni de la figurita del 10 argento, me entreveré en un picadito local para volver a sentir lo más lindo de la vida.
Al amanecer visitamos el famoso mercado flotante, barcos cargados de sandías, ananás, carnes y otros productos y un barquito que te lleva a recorrer. Suponemos que es una especie de mercado central pero en el río. Vuelta a casa en un bote local atravesando todo el delta como lagartos al sol. Con una rica cena a la vera del río nos despedimos de Vietnam, casi como dejar un amor de verano, de esos que terminan cuando están en el momento más intenso, pero que lo dejan a uno con ese sabor a reencuentro!!!
Al amanecer visitamos el famoso mercado flotante, barcos cargados de sandías, ananás, carnes y otros productos y un barquito que te lleva a recorrer. Suponemos que es una especie de mercado central pero en el río. Vuelta a casa en un bote local atravesando todo el delta como lagartos al sol. Con una rica cena a la vera del río nos despedimos de Vietnam, casi como dejar un amor de verano, de esos que terminan cuando están en el momento más intenso, pero que lo dejan a uno con ese sabor a reencuentro!!!
La visa del pasaporte estaba más que amortizada. Hora de avanzar. El mapa nos aseguraba un próximo capítulo con título incluido: “Kingdom of Cambodia”!
Salutes, respondan, incluso mintiéndonos sobre que lo leyeron todo!
NiCaro!
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