Tiempo al Templo // 14.02.01 Tailandia

LA CASA RECOMIENDA LEER ESTAS LETRAS CON LOS SIGUIENTES ÁLBUMES, PERO HAGA LO QUE LE PLAZCA

ALBUM 1 - MADRID

ALBUM 2 - BANGKOK

ALBUM 3 - AYUTTHAYA
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Cuando era chico, a mí me gustaba hacer naves espaciales, que eran mas o menos así:





Sólo quería hacer eso y que no me rompieran muchos la bolas. Con el tiempo emparenté esa obsesión directamente con mis ganas de viajar al espacio. Si bien aún no pierdo las esperanzas de hacerlo, dudo que sea algo rápidamente concretable. Por lo que hace ya un tiempo que viajo tanto como pueda para ir saciando la parte posible, la de viajar, conocer y explorar.



No sólo dibujaba naves espaciales por mis ganas innatas de viajar. Descubrí estos días que aún con 7 años, ya sabía a dónde quería ir "cuando sea grande". Las naves espaciales no eran ni más ni menos que mi brújula en forma de templos asiáticos! Que se ven masomenos así.




En este sentido estoy lo más cerca de viajar al espacio que se pueda. Luego de 29 horas de vuelo (más unas 18 entre escalas y embarques) estamos -casi- en el lugar más lejano que un porteño pueda ir. Aún más distante sería salir de la estratósfera, descontando eso, este es el lugar más lejano al que puedo ir. Este por ahora es mi "Infinito...", luego iré por el "... y más allá!". Con esta premisa, la sonrisa me acompaña constantemente abajo de mi sombrero de astronauta.

Pasamos por Santiago, Madrid (donde salimos a pasear un poco apadrinados por el Tío Pablo), Dubai y finalmente Bangkok nos selló el pasaporte cuando se aseguró que no traíamos fiebre amarilla bajo la piel. El sueño interrumpido algunos años atrás finalmente continuaba.

La capital Tailandesa es bastante similar a lo que nos habían pintado e imaginábamos. Mucho movimiento, comida, turismo, todo adornado con un intenso calor carente de nubes. Llama la atención que del otro lado del Ecuador no solo el agua vaya para el otro lado, el magnetismo también genera que los coches vayan en dirección contraria e incluso que las fábricas pongan el volante del lado derecho. Importante, no están yendo todos de contramano y al cruzar hay que mirar para los 4 vientos siempre hasta que el cerebro se acostumbre. También advertimos una simpática falta de límites de los espacios. No termina de entenderse cuando acaba una casa y empieza la calle, cuando un local es solo de comida y empieza a ser también lavandería, cuando un hostel es además garage y así... Como que es un gran degradé constante.

Agua en la mochi y a gastar suelas. Primero algunos templos con ceremonia en vivo y en directo mezclando mujeres con bluetooth en las orejas y monjes con vestimentas ancestrales. Tuk Tuk (o Motaxi) hacia el muelle y botecito por los canales de Bangkok. El fondo de pantalla alternaba con los barrios, los balcones, los saludos, las acumulaciones de objetos en el fondo de la casa (como  a mí me gusta) y miles de partes traseras de los infinitos templos que aquí se construyeron.

Recorrimos la famosa "Khao-San-Road", que por la cantidad de oferta, turistas, barcitos, negocios, luces, folletos, casas de cambio y banditas orientales tocando temas en ingles la rebautizamos "Caos-and-Rock"

Como el calor era agobiante, la entrada barata, el plan interesante y el aire acondicionado espectacular nos metimos al Teatro Nacional a ver una de danza... Luego de una introducción en la que lo único que entendimos fueron los aplausos nos dedicamos a ver la obra, los trajes y danzas típicas mientras la orquesta en vivo acustizaba la gran sala. Por la forma en la que los actores movían sus cuerpos y sus manos, nos empezó a dar la sensación de que algo diferente ocurre en Asia con el tiempo, como que se toman los minutos de con otros condimentos, sabiendo que por mucho madrugar no amanece más temprano o que el tiempo, al fin y al cabo no es más que una convención. Al cabo de 2 horas nos paramos cuando todos se paraban, aplaudimos cuando todos los hacían, nos reímos cuando parecía que estaba pasando algo gracioso y nos salimos cuando tiritábamos pero felices. 

Al día siguiente maratón a pata. Primero por el Gran Palacio, una especie de parque de diversiones de templos, edificios reales, monumentos, estatuas, museos, oficinas públicas, palacios y recintos sagrados conviven rodeados por una muralla de 2 km. Resulta que al rey Rama I se le ocurrió poner todo esto junto para tener que moverse poco cada vez que necesitara algo, así que en 1792 construyó esta islita real. Con el tiempo empezaron a quedarse cortos de fondos así que en 1940 decidieron abrirlo al público "para compartir con la gente estas bellezas" o "para cobrar entrada y llenarse los bolsillos con los miles de dispuestos a pagar entrada diciendo que ahora es para todos y todas", elijan el color que más les guste.

Turno del Museo Nacional, un gran predio rodeado de historia Tailandesa y sus constantes conquistas y deconquistas con los Burmanenses, sus reyes Rama I hasta el IX, los orígenes variados que se atribuyen a su pueblo y muchos objetos adornados de dorado. Lo más impactante fueron los carroajes reales en los que se montan las cenizas de los reyes cada vez que se mueren. Qué lástima saber que en lo más lindo que vas a trasladarte te va a tocar antes de empezar a ver crecer las flores desde abajo, ser rey conlleva sacrificios tremendos se ve... Como ser Spiderman.

Por último fuimos al eterno mercado Jatujak, uno de los más grandes del mundo según leí y quiero creer. Un mercado que sólo abre los fines de semana y que como imaginarán venden infinito punto rojo tipo de cosas, cualquier verdura digamos, literal y metafóricamente. Podio para el gremio gastronómico obvio! Cucuruchos de huevos de codorniz fritos, helado natural de Coco y pinchos asados de escorpiones.

Al amanecer siguiente tren para continuar camino. Y también para escapar de las temibles garras de la guerra revolucionaria que se estaba viviendo en Bangkok, de las elecciones nacionales y de las bombas que explotaban a medio metro nuestro. De todo esto no vimos más que una plaza llena de carpas y discursos... Los medios, se ve que eso no va al revés del otro lado del Ecuador.

El tren (parecido al Roca pero un poco más cuidado.. Cierra que los subtes tengan letras orientales) nos aceró Ayutthaya, una antigua capital del reino plagada de templos y Budhas. Bicis alquiladas, mapas estudiados y todo un día parando en los íconos del mapa que fuimos encontrando (fundamental tener chancletas para descalzarse en cada templo). Todo esto mientras no nos distraíamos jugando con los elefantes que andaban por ahí probando nuestras queridas y porteñas Chocolinas

Asombra la cantidad de templos construidos en este cuadrante del mapa. Cientos de templos, sumados a la ya inmensa cantidad de Megaconstrucciones históricas vistas por el mundo mi teoría es que en algún año de los miles pasados, la alineación de los planetas generó algún estado anómalo de las leyes de Newton. Allí la gravedad y el tiempo tal como la conocemos se desformó. Piedras gigantes podían ser llevadas con esfuerzos mínimos en tiempos ínfimos. Esto debe haber sucedido por una cantidad de días suficientes para que  1,2,3 y walá! ... Templos, Pirámides, Muralla China, Esfigies, y etcéteras listos. Monumentos para todos y todas a lo largo del mundo para siempre...

Así es como el uso del tiempo en estas latitudes encuentra su propio compás, todo sucede con otro pulso. Creo que ese es el verdadero cambio cultural a miles de kilómetros en los que a pesar de la distancia, Starbucks, McDonalds, WiFi y Nike siguen tan presentes como en casa, pero el tiempo queridos chichipíos, eso es otro cantar y por suerte aún está fuera de la jurisdicción de la globalización.

Suena la campana (de verdad!!!) y sale el tren: 14 horas de rieles a Chiang Mai rodeados de turistas europeos excéntricos.

Y hablando del tiempo, probablemente para nosotros ya sea mañana cuando ustedes todavía estén en el hoy, así que saludos desde el futuro terrícolas!

PD: Salud y larga vida a los viajero que anden por el mundo y a los que están en camino de su próxima aventura
PD2: Si alguien cumplió años estas varias semanas y no lo llamé, saludese mucho de mi parte!