Cuando viajo surge una actitud refleja, necesito empezar a comparar lo novedoso y virgen para mi mente, con algo que ya tenga registro dentro de mi cabeza. Paralelismos físicos y geográficos. "Esto es como el San Telmo de Paris" "Ah, esto sería algo así como Corrientes y 9 de Julio de Barcelona", "Sí, aca estaríamos en la Patagonia de Brasil"... Y eso suele aparecer casí intuitivamente.
Pero en Nueva York cambió el sistema. No porque no fuera asemejable a nada, sino porque se parecía a mucho. Cada situación, paisaje urbano y habitante sonaban conocidos... De dónde? Si nunca estuve por acá... Sí, la solución está en casi todas las casas. Todo y todos parecen ser parientes cercanos de las miles de horas consumidas de TV y cine con las que todos cargamos. Si mirás fijo a una persona, le escuchás mucho la voz o escrutás la fachada de cualquier casa, casi seguro que la terminás reconociendo de alguna peli o serie.
Por momentos temimos haber sido miniaturizados y metidos en la caja boba realmente. Y los edificios infinitos nos impedían ver el a lo lejos por suerte. Sino, seguro veríamos los subtítulos apareciendo allá, pegaditos al horizonte confirmando nuestra desgracia de Ciencia Ficción.
Confirmar eso era en vano. Mapa de la infinita red de subtes en la mano como escudo. Dejamos de multiplicar precios y a ponernos nuestro mejor traje de esponja cultural para absorver lo mayor posible de una ciudad desbordada por la información. Todo parecía conocido desde afuera, pero el tramado se va poniendo interesante a medida que uno atraviesa las puertas, los molinetes y las esquinas. Y esta ciudad es verdaderamente asombrosa para descubrir, entender, repensar, caminar, sorprenderse, jugar.... y comprar!
Era necesario organizar recorridos para aprovechar los días pero la tentación de tomarse el primer gusano subterráneo al Times Square fue demasiado. Cámara en mano, vidrieras expectantes y solcito de verano para los primeros días. Tanto hay para caminar que la velocidad a pie era insuficiente. Así que 4 bicis nos pasearon por todo el Central Park (uno de los mejores parques en el mundo para mí hasta ahora), picnic mediante en 3 horas de meta pedaleo. Punto positivo para la gran cantidad de bicicletas que habitan la gran ma(n)za(na) crítica. Y como equilibrar la mano, un absurdo sentido del packaging. No tuve tiempo para investigar, pero apostaría que buscando uno encuentra el local en donde se dedican a envolver envoltorios.
Luego, la distancia a recorrer era mucha para las bicis. Por lo que una vez más cambiamos de medio de transporte y un tren nos arrojo a pasar 3 días con familiares por Poughkeepsie y Glastonberry. Y una vez allí, en las afueras de la urbe, completamos el álbum de figuritas. Todas las escenas de películas que no parecían ser filmadas en el medio de una ciudad cobran sentido y verosimilitud al ver cómo es la vida fuera de la ciudad. Casas gigantes para 2 o 3 personas, más de un auto por cabeza, todo por envío, barquitos por el río, la vida por correo, calabazas listas para halloween, aros de básquet en el estacionamiento, sótanos, casitas con sillas que se hamacan en la entrada, autocines en el medio de un predio, shoppings enormes en el medio de la ruta, venados, ardillas.... Pasa en el cine, pasa en la vida!
Completado el panorama, volvimos a refugiarnos en Brooklyn para atacar cada día con una estrategia diferente. Disputamos las batallas del MoMA, Met, Gugenheim, Rey León, Filarmónica de NY, Barrio Chino, Little Italy, Soho, Museo del Cine, Puente de Brooklyn, High Line, 5th Av, Ground Zero, Taxistas de NY, Museo de los Chicos, Museo de Historia Natural y tantas otras que no me las acuerdo... Pero a medida que avanzaban los días tan sólo confirmamos lo que ya sabíamos. Ganar la guerra contra las ganas de verlo todo es -por suerte- imposible. Así que cada maratón de 24 hs se burlaba de nosotros roncando en el subte recargando piernas para la siguiente excursión.
Completado el panorama, volvimos a refugiarnos en Brooklyn para atacar cada día con una estrategia diferente. Disputamos las batallas del MoMA, Met, Gugenheim, Rey León, Filarmónica de NY, Barrio Chino, Little Italy, Soho, Museo del Cine, Puente de Brooklyn, High Line, 5th Av, Ground Zero, Taxistas de NY, Museo de los Chicos, Museo de Historia Natural y tantas otras que no me las acuerdo... Pero a medida que avanzaban los días tan sólo confirmamos lo que ya sabíamos. Ganar la guerra contra las ganas de verlo todo es -por suerte- imposible. Así que cada maratón de 24 hs se burlaba de nosotros roncando en el subte recargando piernas para la siguiente excursión.
En Nueva York todo tiene luz, todo es táctil, todo se mueve y todo son opciones para elegir. Aparentemente el sistema quiere demostrarle a todo el mundo que todos somos especiales. Así, de cada producto que uno puede comprar existe una variedad infinita. Existe el modelo que quieras, al precio que te gusta en el color que desees. Todos son los únicos. Y todos eligen el último de algo que sólo a ellos (y a 140 millones más) les gusta. It's a free country (es?). A cambio? Un contrato tácito con el sistema. Las normas se cumplen (o se pagan), los impuestos se pagan (o se pagan) y cada cosa que uno quiera la consigue (y se paga).
Y entonces, con el sistema andando y garantizado, se dedican a hacer y pensar mucho en las cosas, y todas están hechas de la mejor manera posible. La comida, los aparatos, los mecanismos, las ideas, todo está inteligentemente bien hecho. Y de verdad que es asombroso lo que logran estos buenos muchachos.
Y ahí es donde sin estar seguro, empecé a sentir que algo era ajeno, todo estaba correctamente fabricado y pensado. Pero era eso, correcto, bien... En los museos, se movió mi espíritu ante más de una obra, pero casi ninguna era de arte Americano, entonces? Creo que la sensación que se me apareció era que todo está bien, pero les falta pasión... CHAN!.. "Sí, pero no puede ser" me autodefendí. Así que abrí mi Wikicerebro y empecé a darme cuenta de que sobran los Hendrix, los Allen, los Jordan, los Spielberg, los Jackson, los Brown, los Charles y los miles de ejemplos que me demuestran cuán equivocado estaba.... Con mención especial para los negros que tienen como un plus de espíritu . Esa sensación se potenció cuando al bajar del subte un sábado a las 3 de la tarde había 50 negros de todas las edades bailando en el medio de una plaza de Brooklyn festejando vaya-uno-a-saber-qué. Creo que si se los discrimina, es por envidia, todos tienen como una energía que vibra más. Así que de a poquito fui arrimando el bochín. Quizás sea que en general hay una automatización de costumbres, usos y consumos. Pero sobran ejemplos para demostrar lo contrario.
Y mientras tanto, en Ciudad de este lado estamos nosotros, los que imitamos algo de todo eso pero tenemos nuestra alma latina latente, esa mezcla de gritos, atados con alambres, engaños, trucos, exabruptos, picardías con genio, alma, fuego y pasión.
Si bien en el avión de vuelta me avergonzaba de ver el comportamiento de los argentinos que montábamos en él, creo que a la larga me quedo con esta mezcla que vive del lado de acá del Ecuador. Donde se grita mucho, no todo se envuelve y se buscan miles de vueltas para hacerle el gol con la mano a la AFIP.
Hasta la vista Baby
n
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