Esto es así, ya conocía mucho de lo que venia a hacer, no por el contenido, sino por la forma. Veo las cosas con otra lupa. No hay tanta sorpresa pero sigue siendo cada vez mas sorprendente, sin tanta novedad, sigue siendo todo nuevo, ni siquiera hay tanto misterio, pero mística sobra.
Así como en las películas, hay un hilo conductor que pone en marcha toda esta maquinaria. Pero no es uno, son muchos, cientos o hasta miles quizás. Desde las historias de como combinar horarios, organizar taquillas, reservar hoteles, transportar artistas, hacer ensayos hasta las mismas historias de las obras que motivan todo eso. De familias nazis representados por eslovenos, de muertos españoles que vagan por el cementerio de Celama, de desnudos personajes en un controvertido Macbeth alemano, de flamencos bailadores andaluces y griegos, de presos políticos ecuatorianos, de un inmigrante argelino con dos amos o de guerreros chilenos luchando por la independencia son algunos ejemplos de parte de historias que se suceden una tras otra.
La fuerza de tanta felicidad es la que compone y le da energía a este gran sueño, la que hace el festival. La que permite que un helicóptero viaje desde la plaza de toros hasta el edificio mas alto de Bogotá a las 5 a.m. para poner un cable del cual se arrojan los actores, la que permite que un desfile inaugural suspendido por lluvia se realice al día siguiente con tanto o mas convocatoria, la que permite que 8 días consecutivos de lluvia no arruinen ni mojen ninguna ilusión, la que agrupo a cientos de técnicos y organizadores que tiran casi siempre para un mismo lado, la que emite 4 horas de material televisivo diario con lo sucedido el mismo día y la que hace que todos se enamoren de una ciudad festival.
Muy diferentes son cada uno de los guiones que argumentan estas y otras tantas historias. Pero al final, como en las películas todo se une. La felicidad de trasmitir arte, cultura, costumbres, alegrías y sensaciones es el común denominador dentro y fuera de la ficción. Como dijo Fanny, la realidad se llena de sueños ya que esos son los que por casi 20 días hacen esta realidad de Bogotá. Y no hay lluvia ni conflicto diplomático ni diferencia racial ni molinos de viento que puedan contra eso.
Saludos, hasta alguna proxima.
n.
PD: van fotos de lo que vio mi camara en otro mail y de lo que vieron mis ojos en el mismo