´´No! mirá! Un delfín!´´ Fue la alarma que interrumpió el cálido baño taciturno en el mar de Pipa. Bien valía la pena haber recorrido en horas de marea baja los 600 metros que separaban la poblada playa del centro de la semidesertica playa de los golfinhos (delfines). Esta playa se sumaba a otras ya descubiertas por nuestras retinas: la turística Praia do Forte, la sosegada Maragoyi y la urbana Joao Pessoa.
La primera tenía tenia varios puntos fuertes y uno fortísimo. El balneario situado a 46 minutos de Salvador es sede principal del proyecto TAMAR (Tartaruga Marinas). Así fue que nos dejamos cautivar por su parque de educación zoológica (o de prisión de animales en cautiverio según los ojos con los que se lo vea). Tortugas de todos colores, olores, sabores, tamaños, edades, grupos, orígenes nos recibieron en una visita que nunca dejó de ser muy educativa. La típica lentitud de traslado de sus protagonistas se contrapuso con la sonrisa que rapidamente se dibujó en nuestras caras: ``Son las tortugas de Nemo!´´ supimos exclamar al ver a las versiones reales de aquellas fumanchonas superestrellas del cine. La barrera del sueño veraniego nos impidió ver la programada suelta de tortugas recién nacidas hacia los confines infinitos del mar en una apasionada carrera desde la orilla a las primeras rompientes húmedas, nos alcanzó con ver a los ejemplares recién nacidos en su miniestanque. La duda que resta es si las mismas funcionaban a pila...
Piscinas naturales costeras de gran profundidad y variedad de fauna y flora junto a ejemplares de rayas, tiburones, morenas y otros acuáticos animales completaron el podio de las atracciones de la citada playa.
Alejámosnos de una de las muchas Praias do Forte del país sin ver al Forte que le da nombre para llegar en un titánico viaje de 10 horas nocturnas sin aire acondicionado a Maceió. Quizás el calor y el encierro acumulado de la noche nos precipitó a alejarnos rapidamente de la urbe y el siguiente nombre que se escribió en nuestro cuaderno de destinos fue tan tranquilo como agradable: Maragoyi. El balneario en cuestión supo alojarnos en nuestra primer posada con piscina, aire y vista al mar. De esta manera nuestros problemas se reducían a pensar qué combinación de camarones degustar en la próxima comida y a lamentarnos porque el ruido del aparato refrigerador silenciaba al de las olas marinas, triste suerte la nuestra. Allí, cansados de estos malestares decidimos embarcarnos a 6 km de la playa para llegar al siguiente sitio de buceo. La segunda barrera coral mas grande del mundo (``A primera fica na Australia´´ murmuraban los guias con cierto rencor) nos esperaba junto a sus piscinas naturales: las Galés. Allí reinaba la confusión de tanta gente atraída al medio del océano por el mismo fin. Éramos 825 (aprox.) almas atrapadas en mitad del mar rodeados por una decena de catamaranes obligandonos a consumir en el bar flotante presente o a contratar la excursión de buceo con cilindro. No sucumbimos ante ninguno de estas tentaciones pero logramos hacernos de la segundo (quien quiera explicaciones que las invente o las pida).
Con demasiadas pocas pulsaciones por minuto gracias a la tranquilidad Maragoyense llegamos ahora sí a una nueva ciudad. Joao Pessoa nos recibió con un calor lleno de asfalto y distancias propias de metrópolis. Entonces recodábamos que todo en Brasil es grande: tanto los shoppings, el calor, los mercados, las playas, las autopistas, la densidad de población como las cahipirinhas, la transparencia del agua y la calidez de la gente; ah los precios pasados a pesos también. Nuestros objetivos urbanos fueron cumplidos y luego de un paseo por la city pessoeña nos dirijimos al punto alto de nuestro destino en cuestión. Mas que alto oriental: el sitio más al Este que conoce América fue visitado por nuestros pies. Y así, en el monumento de Ponta das Seixas supimos darle las espaldas a un continente entero. Y solo porque no nos asomamos un poco no logramos ver la punta más occidental de África.
Aquellos afortunados que aún tengan algo de memoria a corto plazo recordarán que resta seguir con el balneario citado al comienzo del relato. Sin embargo, para conocer mas sobre el nado con delfines deberán esperar, o acaso no siempre se hace desear el cuento de la buena Pipa?
Saludos para todos (en especial para los viajeros, pasados, presentes o futuros)
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PD: arreglamos el paint asi que mandamos algo de dibujos a mano alzada para que sientan. Son pocas, sino despues cuando se las queremos mostrar el ``Ah, si, ya las vi´´ nos gana de mano. Quedense con las ganas de mas.