Las campanas de Jerusalén retumban en el aire. Son las 12 de la noche. Se terminó el hechizo de Bria e Israel empezó a convertirse en calabaza. Atrás quedan los 10 días de oasis en los que retrocedimos en el tiempo. Volvimos al pasado desempolvando algunas de las historias de esta tierra mítica pero sobre todo volvimos a ser unos niños. Tan solo teníamos que ocuparnos de jugar, comer y divertirnos. Los grandes resolvían todo por nosotros.
Empezó el partido. Salimos a la cancha y nos enfrentamos con otra realidad de la que veníamos mamando. Moverse como turistas mochileros por territorio israelí es complicado, trabado, incómodo y sobre todo, caro (especialmente siendo latinoamericano). Los beneficios tecnológicos, organizativos y científicos, herencia propia de la influencia primermundista y de un pueblo pujante se compensan con las dificultades, burocracias y desconfianza hacia el extranjero inherentes de esta tierra. Pocas opciones de hospedajes alternativos, nula comida callejera accesible (la base de la pirámide alimenticia de los mochileros), traslados internos nada flexibles, desorganizados y con oferta escasa (a modo de ejemplo, la terminal de Eilat cierra sus ventanillas e informes de 18 hs a 7 hs) pintan un panorama al menos inhóspito para cualquiera que quiera ser un turista en estas tierras. A este cuadro se le suma una dificultad lingüística por momentos salvable con el inglés, por momentos con el Dígalo con Mímica y por momentos, no hay caso. Defensores del Esperanto, activen sus iniciativas, estamos con ustedes! La sensación que me llevo después de 8 días más en Israel en los que recorrimos Eilat, Haifa y Jerusalén es ambivalente. Entre lo aprendido en Bria y lo visto después no es fácil ponerme de acuerdo. No es mi intención ofender a nadie, pero por momentos sentía que Israel está más preparado para recibir misiles que turistas. Polémico.
Hay más, queda lugar en el vaso de la catarsis. En general es difícil prender la TV y no escuchar que alguna catástrofe está sucediendo en alguna parte del mundo. Más complicado creer que esa calamidad es real. Pero esta vez Pedro tenía razón y el Lobo era real. Si efectivamente está sucediendo esa catástrofe uno piensa "Que loco estar ahí!" y no pasa de eso. Lo que representa una coincidencia asombrosa es que siendo argentino y viviendo del otro lado del mundo, el día anterior a ir a Egipto, destino lejano, se desate una revolución en dicho país luego de 30 años de un proceso político.
El arcoíris de sensaciones al respecto fue bien completo: "No debe ser tan grave. Viste como es esto, los medios exageran todo", luego un "Esperemos unos días que seguro pasa y arrancamos para El Cairo sin drama...", más adelante “Buen, vayamos primero para el Sur que fuera de la capital todo siempre es más calmado”, seguimos con "Che, escuché que Mubarak dijo por la tele que no se va nada, que cagada, que hacemos?", un " Hay marchas todo el tiempo y la gente sigue sin respetar el toque de queda. Ya hay muertos y heridos", "El consulado, la embajada, conocidos y familiares dicen que no da para ir ni a al Cairo ni a ninguna otra parte", “Y si vamos igual? Es heavy, pero es un momento histórico único!”, "Esperemos dos días más a ver qué pasa y sino cambiamos de planes" "La puta madre! Justo ahora tenía que pasar esto!" "Ya fue... cancelemos el pasaje del Cairo a India y veamos que hacemos estos días".
La cantidad de energía, estrés y trabajo de neuronas usada en resolver una jugada de ajedrez tan complicada fue la suficiente para poner en tela de juicio si vacaciones significan relax y descanso. Ojalá sirva de algo y salud y larga vida al pueblo egipcio si así es… nos verán volver.
Mientras tanto hicimos base en Haifa, nos tocó playa, caminata y descanso en esta ciudad mezcla de Miami y las Vegas. Esperamos hasta el 15 a ver si se arregla la situación o izamos las velas y encaramos hacia otros mares?
Los dilemas nos persiguen pero nuestra astucia siempre es más fuerte. Al mal tiempo buena cara. Para que la espera fuera lo menos “mientras tanto” posible la condimentamos con sabores de los más exquisitos. Buceé con pulpos de colores cambiantes, un naufragio espléndido con una visibilidad submarina increíble llena de peces, colores y vida. Me asomé por sus puertas internas y en sus recovecos volví a renovar mi fe. El agua, Mi elemento. Alberga para mí siempre una felicidad eterna, mágica e instantánea. Gracias burbujas, gracias agua, gracias buceo. Los voy a extrañar.
La ensalada estaba rica pero podía mejorar. Encontramos un condimento llamado Petra y no dudamos (en verdad sí, pero supongan que no). Luego de varios Euros, una frontera, sellos, una nueva visa en el pasaporte y algunos kilómetros ya estábamos metidos de lleno en el pasado. Una ciudad milenaria, un pueblo originario, una conquista más, otro guía con un inglés de acento gracioso y difícil de seguir. Pero sea como sea, la historia y el misticismo de esta mítica ciudad Jordana penetra el aire.
Es curioso ver como distintos pueblos ante las mismas necesidades encontraron soluciones similares pero diferentes. Machu Picchu es una ciudad perdida en el medio de la montaña y armada a la perfección con rocas y distintos materiales por ejemplo. Pero los primeros habitantes de Petra encontraron su ciudad adentro de las montañas de este valle. Tan solo necesitaron tiempo, trabajo e imaginación para moldear las rocas y reformular las montañas en casas, iglesias, y monasterios erigidos directamente en las montañas. Simple, en vez de construir sacar lo que sobra. Ya el plato iba tomando un sabor interesante y un color intenso.
De tanto caminar y gastar energías se hizo lugar en nuestras panzas. Así que de postre Haifa y Jerusalén. La primera nos dio aire nuevo. Luego de varios días de espera e incertidumbre en Eilat, un lindo clima, una ciudad organizada y calles pintorescas. Mapa en mano, curiosidad al volante descubrimos los perfectos jardines de una nueva religión. Un gran materdecer y a seguir viaje.
Los ancestros, la historia, la religión, la fe, la energía que fluye en el aire y hasta las opciones viables de la estación de micros solo indicaban un destino: Jerusalén. Retornamos a nuestro punto de origen (hablo del mundo moderno). La redescubrimos. Jerusalén es un volcán. Armenios, Judíos, Católicos y Árabes comparten un terreno tan chico como alguno de los 100 barrios porteños en una muestra de intercambio cultural único. Turnándose para rezar, repartiéndose las veredas, manzanas y sectores del barrio histórico dentro de la ciudad amurallada, revalorizando sus costumbres, implementando su idioma, expandiendo su cultura o comercializando su historia esta ciudad vibra. Y como en toda vecindad, a veces los vecinos que uno tiene no son los que elegiría, pero hay que convivir. Y para ello hay que tolerar y aceptar. Están los tolerantes y están los fundamentalistas de lo único. Haciendo oídos sordos a los rezos de los vecinos tan solo logran retroceder en el tiempo. Hasta el punto donde el hombre solo era un ser vivo primitivo incapaz de entender que todos somos iguales. Que todos somos diferentes.
Jerusalén tiene toda la energía de la lava, la inestabilidad del magma y la importancia necesaria para ser un lugar sagrado para 4 o más religiones que hoy nos atraviesan. En estos 2500 años esta ciudad no ha hecho más que ser testigo de decenas de conquistas cambiando de dueño constantemente. Fenicios, otomanos, romanos, griegos, jordanos, armenios, judíos, cristianos, árabes y la lista sigue. No sabemos qué es verdad y que no, pero evidentemente hay un interés supremo en ser su dueño. Algo allí pasó, alguien importante caminó y algún milagro ocurrió. Hoy en día el volcán está inactivo y el monstruo duerme tranquilo. Batallas, disputas, milagros, incongruencias, resucitaciones, leyendas, festejos, premoniciones y actos de fe. Santo Sepulcro, Mezquita Árabe, Piedra Fundamental, Monte de los Olivos, Muro de los Lamentos, Vía Cruxis. Uno puede no creer, pero es difícil negarlo todo. Yo no creo, pero que las hay las hay…
Se acabó la espera, basta de incertidumbre. Luego de un molesto, innecesario y agotador check out israelí en el que nos revisaron hasta las ganas de volver nos fuimos de este país dejando parte de esas ganas en migraciones y sin mucha esperanza de ser bien recibido a la vuelta.
Espera Turquía con los brazos abiertos. Se escucha un grito a lo lejos “Ahí vienen Nico y Daro, ya se subieron al avión y Estanbulando hacia acá!”
Hasta la próxima, preparen un café a la turca y reclamen gratis la próxima edición si aún les quedan ganas de leer.
Abrazo pa` todos, ya se extraña el fútbol, las milanesas y a la gente linda también! Los que se animan escriban así los leo un poco! Abrazo a todos los viajes, esten o no viajando ahorita!
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PD: Próximamente quizás no haya fotos… pero quizás sí