En tercer año nuestra maestra de historia (para mí no se dice profesora) sentenció "revolución no es cambiar, revolución es esto!", mientras daba un giro de 180 grados a la palma de su mano izquierda el extremo de su brazo extendido. Quizás de allí derive todos los niveles de euforia consecuencia de estos complejos, únicos y memorables procesos políticos.
Una escala en Arabia Saudita para sentir la cercanía a la Mecca avisándole que en unos años ojalá esté por allí. 55 horas de traslados, reflexiones, esperas, sueños y balances. Donde hubo fuego, cenizas quedan, pero Egipto aún contaba con humo revolucionario. Una rara sensación me invadió al ser casi el único turista del avión, del aeropuerto, del taxi y del hostel que me esperaba en El Cairo. Pero en los viajes, la rareza y lo poco habitual siempre son sensaciones amigas y cada situación poco común es síntoma de oportunidades y experiencias memorables. Realmente no hay mal que por bien no venga.
Luego de 30 años de opresión, cuando un pueblo decide despertarse y poner un freno a un dictador, las consecuencias son muchas. En su momento, la revolución nos impidió entrar en este país. La otra cara de la moneda fue la fortuna de adentrarnos en Turquía. Algo de agua pasó bajo el puente y la sensación es otra. Llegué a un país sin turistas. Jamás atravesé una frontera con tan pocas preguntas, revisaciones y burocracias. Nunca recorrí (como turista que soy) las calles de una capital con 8 millones sintiendo que nadie me miraba como ajeno (hasta me pedían, en árabe, indicaciones de cómo sobre direcciones). No recuerdo haber estado durmiendo 4 noches en un hostel dentro de una habitación compartida sin nadie con quien compartirla por la falta de turismo. Pero lo que será irrepetible, único y atesorable, fue estar en una maravilla del mundo, sin más turistas que los pocos temerarios, arriesgados e inconscientes que nos animamos a entrar a un país en revolución.
Con el estado viajero en un nivel ideal, llegué a una nueva capital en un nuevo continente. Me recibieron, a pesar de los asombros, de los rumores y de todas las atajadas falsas; de maravillas. Con una gran hospitalidad digna del continente donde el ser humano dió sus primeros pasos. En todo el viaje fui conociendo lugares con toneladas de historia. De a poco, empiezo a reconocer como reales los monumentos, los personajes, las geografías que aparecen en las películas y en los libros que estudiamos. Ese mundo ajeno empieza a ser real.
Para entrar en tema, el interminable y milenario Museo Egipcio (bizarramente situado al lado de los restos quemados y saqueados de las oficinas de Mubarak). Siendo latinoamericano, es muy reconfortante visitar un país donde gran parte del oro y las riquezas oriundas de sus tierras todavía residen en su lugar de origen. De a poco me di cuenta que me sería imposible aprender en 4 días más de 5000 años de historia. En tal sentido me dediqué a disfrutar de mi último escalón de este viaje. A pesar del trajín de haber estado en más de 20 lugares diferentes durante 2 meses, uno siempre encuentra fuerzas para seguir. Viajar es tan mágico que nadie sabe explicar el truco de tener fuerza y ganas constantes. El estado viajero proporciona un escudo asombroso frente a situaciones de hambre, incomodidad, frío, calor, cansancio y falta de lujos con los que solemos convivir. Por lo cual me dediqué a aprovecharlo.
Me caminé, me perdí y me regateé por el Bazar Al Kahlili. Me atardecí, me recosté y me descansé en el hermoso parque Al Ahazar. Me mateé, me musicalizé y me merendé a orillas del Río Nilo. Me fotografié y me informé en la histórica Citadela con la Mezquita de Muhamad Alí. Me comuniqué, me alimenté, me politicé y me divertí recorriendo las venas de El Cairo. Me entendí, me descubrí y me aprendí cómo se trasmite la historia en una fábrica de papiros. En conclusión, me escuché, me pensé, me reflexioné y con suerte, me reinventé. El verbo que dejé aparte es el de maravillarme. Para eso, para eso tenía casi a disposición las pirámides y toda su mística.
Lo más especial de los destinos suele ser aquello que no se puede comprar. Y que llegado tal caso, ni siquiera se vendería. Las pirámides son el ícono de una ciudad y de una cultura. A pesar de lo que uno sabe, conoce, ve u oyó es más sorprendente y no hay preparación ni fotos previas que desmerezcan a una maravilla del mundo. Es mágico darse cuenta que tan solo con unos minutos de traslado automotor en verdad se están retrocediendo 5000 años. Por ende, a aprovechar mi fascinación por viajar en el tiempo junto con la oportunidad única y prácticamente irrepetible de ser turista en un país desierto de esta especie. Realicé el "típico" tour entre las pirámides de Giza, Dahsur y Saqqara. No hay mal que por bien no venga. La misma revolución que hace dos meses nos manoteó el sueño de conocer este país africano me hacía un guiño cómplice y me invitaba a recorrer los deslumbrantes monumentos con una exclusividad VIP. Tan cierta fue la sensación de tener las pirámides para mí solo que en una de ellas, esta expresión cobró un realismo asombroso. Jamás me hubiera imaginado ser literalmente la única persona dentro de un lugar visitado por cienmiles de personas anualmente. Nunca hubiera creído que luego des descender varios metros adentrándome en una humedad tenbrosa con molestos bahos de azúfre y toneladas de piedras y siglos encima mío la luz que ilumina el interior de las pirámides se cortaría. Pasé de estar literalmente solo a metafóricamente cagado en las patas! Momento de elegir: me quedo acá hasta que dentro de 3000 años alguien me encuentre y hagan teorías sobre el gran FaraóNico o empiezo a sacar fotos con flash para ver el camino de salida y no morir en el intento??? En 3000 años la respuesta saldrá a la luz... Sea como sea, Viva la revolución!
Las últimas jornadas me encontraron atravesando las molestas fronteras y una vez más en tierra santa. Estar de vuelta en Israel se me hizo bastante familiar, al punto de sentir que realmente estaba en la otra punta del planeta con mis viejos festejando cumpleaños, contándoles mis viajes, tomando mate y hablando en porteño... (habrá sido realidad?).
Una visita más al casco histórico y para sumar unos porotos más a mi entendimiento de la historia del ser humano, una nutritiva visita al completísimo museo de Jerusalén.
Cada mes de viaje para mí son 1000 piezas más de un rompecabezas. Acabo de poner mi ficha 2000 y el resultado es tremendo. Tanto, que me cuesta admitirlo, pero de alguna manera estoy orgulloso de mí. Fueron 60 días en donde cada uno dejó algo verdadero, comprobable y fuerte en mí. Ya está armado lo que el 17 de enero era un manojo de azares, incertidumbres, deseos y expectativas. Lo bueno de los rompecabezas, es que no son rígidos, sólo la decisión de hacerlo me separar de la posibilidad de desarmarlo y volver a intentarlo.
Adentro mío me llevo todo lo que viví, que es tan intenso como infinito. Pero si hay un síntoma que me deja tranquilo de que hice lo correcto, es que voy a extrañar un lugar del cual no soy. Y eso solo se da cuando la energía que existe es la que nos hace vibrar positivamente.
Muchas religiones desfilaron pero siento cada vez más que soy yo el dueño de mis destinos. Tantas energías me recorrieron que me siento con más fe y más creyente, pero cada vez menos religioso. Los grandes Ricardos me avalan "mientras vos puedas ser vos, no necesitas perdón ni de Dioses ni Titanes", "Ser uno es ganar... Sé vos, nomás y al mundo salvarás". Toda una revolución ser uno mismo...
Y hablando de Roma, los viajes son mis revoluciones. Y como tales dejan cicatrices. Las procesiones van por dentro pero cada vez me tienta más a salir a manifestarme contra mi conformismo, contra mi rutina y a pesar de mi comodidad. Y como para no sentirme solo en la lucha, las canciones que me acompañaron estos meses me dan energía: "Me fui persiguiendo mi instinto, si quieres cambios reales, pues camina distinto", "Hay que ser valiente y despertar, yo quiero vivir como un niño jugando otra vez", "Me escapé de la rutina para pilotear mi viaje porque el cubo en el que vivía se convirtió en paisaje" "La vida es demasiado gris sin deseos" ,"Soy las ganas de conocer lo que hay después del mar" .
Por ahora los dictadores de mi costumbrismo ganaron algunas batallas, pero la llama está encendida, la trasgresión latente, la guerra en pie y la esperanza intacta. Tantos kilómetros, mares, ríos, países, capitales, bosques, climas y husos horarios me separaban que tuve que tomar mucha carrera y dar un gran salto para volver. Pero claro, la caída es proporcional al salto, así que voy a tomar mucho aire, caer en el agua, que es mi vida, aguantar la respiración todo lo que pueda, y recién cuando tenga que hacerlo, saldré a la superficie. Porque al volver, lo urgente nunca deja tiempo para lo importante, y las revoluciones son vitales. Cierro entonces esta etapa y vuelvo a mi ciudad. Vuelvo, por ahora y sólo por ahora a Buenos Aires.
Eso es to-to-todo amigos! (por ahora), abrazo!
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PD: Para los viajeros de alma (sobretodo para los viajeros amigos) que continúan en estado viajero mi admiración, respeto, energías y que armen con un éxito sin precedentes sus rompecabezas de 6000 piezas!
PD2: Mi celular quedó en alguna parte de Asia. Sigo con el mismo número pero ahora tengo todo un chip disponible para ser llenado y perdido nuevamente. Si les interesa colaborar al respecto, manden su número!